Las redes siguen ahí. Simplemente ya no las llevo en el bolsillo
No he borrado mis cuentas de redes sociales.
He hecho algo bastante menos dramático: he borrado las aplicaciones del móvil.
Sigo teniendo X, Instagram y compañía. Puedo entrar cuando quiera desde el ordenador. No he hecho ningún anuncio de despedida ni tengo intención de convertirme en un ermitaño digital.
La única diferencia es que ya no las llevo conmigo todo el día.
Y resulta que esa diferencia no es tan pequeña.
El gesto automático
Durante años he utilizado las redes para muchas cosas que sí me gustan: enterarme de noticias, descubrir proyectos, seguir a gente interesante, ver qué está pasando en tecnología o encontrar alguna idea que no habría encontrado de otra manera.
El problema no era entrar.
El problema era entrar sin haber decidido entrar.
Abrir el móvil para mirar una cosa y acabar en X. Esperar cinco minutos y abrir Instagram. Estar viendo la tele y sacar el teléfono casi por reflejo. No porque hubiera algo concreto que quisiera ver, sino simplemente porque estaba ahí.
Supongo que no descubro nada nuevo. Lo curioso es que me había acostumbrado tanto que casi no lo veía como un problema.
Hasta que quité las aplicaciones.
Ahora, si quiero entrar en una red social, tengo que hacerlo desde el ordenador. Y ese pequeño obstáculo cambia completamente la relación.
Ya no entro porque tengo treinta segundos libres. Entro porque quiero entrar.
No quiero desaparecer de internet
Esto no va de demonizar las redes sociales.
De hecho, sigo pensando que son una herramienta increíble. Gracias a ellas he descubierto tecnología, proyectos, personas y oportunidades que probablemente nunca habría encontrado de otra forma.
Tampoco quiero dejar de saber qué ocurre en el mundo.
Lo que sí quería era recuperar un poco el control sobre cuándo consumo todo eso.
Y mientras pensaba en ello me di cuenta de algo un poco contradictorio: cada vez utilizamos más internet, pero cada vez tenemos menos sitios propios en internet.
Publicamos en X, Instagram, LinkedIn, TikTok, YouTube… pero casi todo lo que escribimos o creamos acaba viviendo dentro de la plataforma de otra persona.
Yo mismo llevaba años haciendo exactamente eso.
Volver a tener una web
Por eso he creado esta página.
No porque crea que vaya a convertirse en un gran blog ni porque tenga una estrategia de marca personal. De hecho, una de las cosas que quiero evitar precisamente es eso.
Me apetecía volver a tener un sitio mío.
Un lugar donde pueda escribir sobre Buclea, NinjaNote, KickBio, Mosaic o cualquiera de las ideas en las que acabe metido dentro de unos meses.
Pero también un lugar para contar las partes que normalmente no se cuentan.
Proyectos que no funcionan. Semanas perdidas intentando resolver algo absurdo. Ideas que parecían espectaculares hasta que las construyes. Correos que nadie contesta. Cambios de opinión. Cosas que aprendo dando clase. Tecnología que me entusiasma durante tres días y que después descubro que no sirve para lo que quería hacer.
Sin tener que convertirlo todo en un hilo, un vídeo corto o una publicación pensada para conseguir interacción.
Internet a propósito
No sé si esto durará.
Puede que dentro de seis meses vuelva a instalar todas las aplicaciones y este artículo envejezca fatal.
Pero ahora mismo me gusta cómo ha quedado el equilibrio.
Las redes sociales siguen ahí. No he cerrado ninguna puerta.
Simplemente ya no están esperando cada vez que saco el teléfono del bolsillo.
Y quizá esta web sea la otra mitad del experimento: consumir menos internet de forma automática y volver a crear un poco más de internet de forma consciente.
De momento, una cosa cada semana.